Impacto de la pos modernidad sobre la cultura

SOBRE LAS ARTES

El arte es el sector de la cultura en el que primeramente se advirtió el impacto de las ideas (pos modernas) que mencionamos. En general, podría decirse que el arte se ha desdibujado, especialmente en el sector de las artes visuales. Los artistas modernos habían abandonado los motivos figurativos tradicionales, situando la esencia más allá de la visión. Así comenzó a disiparse la noción de “arte”. Se llegó a la conclusión de que “todo es arte”. Por eso, algunos autores hablan de la muerte del arte. (López Gil, Filosofía, 23). Priora, J. C. (2022). Nuevo des-orden mundial: posmodernidad, hipermodernidad y fin de la historia: (1 ed.). Libertador San Martín, Editorial Universidad Adventista del Plata. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/bibliotecauab/212751?page=81.

El posmodernismo, en su fase temprana de los años 60, tuvo una serie de características:2 

1. Imaginación temporal dotada de un poderoso sentido de futuro, nuevas fronteras, ruptura y discontinuidad. 
2. Ataque a la institución artística y las modalidades según las que se concibe la función del arte y las formas en que se distribuye y consume en la sociedad burguesa. El arte se había separado de la vida y los vanguardistas intentaron acercarlo. Esto fue inspiración para los posmodernos americanos. 
3. Optimismo tecnológico propio de los avances de la sociedad posindustrial. Se adoptaron con entusiasmo los recursos tecnológicos y el paradigma cibernético. 
4. Hay un intento de validar la cultura popular, desafiando al “gran arte”.

Este es el punto de partida del posmodernismo. Sin embargo, en las décadas del 70 y el 80 hay una disolución de la retórica vanguardista. Se perdió la tensión hacia la rebelión, disminuyó el optimismo tecnológico —que es visto como polución— y apareció una serie de nuevas características en el panora- ma artístico: “Podríamos decir en general, que las categorías tradicionales de la vida cultural se vuelven borrosas y sus límites poco diferenciados”.3 

Hay un desdibujamiento del diseño arquitectónico. Para Mario Botta y otros arquitectos posmodernos, “no hay una forma esencial o básica que el diseño debe revelar”.4 El arquitecto participa de un diálogo cultural que se da aquí y ahora. Y como las voces participantes son muchas, el resultado es un juego libre de formas arquitectónicas. 

Para Deleuze, lo posmoderno es una cultura de la sensación que encarna el deseo: Se basa en una libido descodificada o semicodificada, en el inconsciente, para producir una literatura y bellas artes que rompen con la estética clásica de la representación y con el formalismo de la modernidad.5 El efecto sobre el consumidor, el espectador, el público, se produce igualmen- te por medio del inconsciente. Corrientes de libido encarnadas en el libro, en el cuadro o en la pieza musical producen fuerzas que dan lugar a sensaciones cuando percuten sobre los cuerpos de los consumidores.6 

Charles Jencks, portavoz de la arquitectura posmoderna, fijó la derrota simbólica de la arquitectura moderna el 15 de julio de 1972 a las tres y media de la tarde, cuando se dinamitaron varios bloques de viviendas Pruitt-Igoe.7 En literatura, se desdibujan los límites de distintos estilos. El lector no sabe si es prosa, poesía, historia, psicología, sociología, ideología o todo junto. Lo mismo ocurre en música: los géneros tradicionales son ordenamientos sonoros; pero ahora los compositores desarrollaron el concepto de estratos musicales, que consiste en superponer un estilo al otro, y la experiencia para el oyente es la cacofonía. “Probablemente los Beatles preanunciaron la defun- ción del modernismo”, sostiene Gergen.8 

Así, por ejemplo, la música new age mezcla la clásica, el jazz, las melodías románticas, etc., con cantos asiáticos y africanos. Las canciones de amor melancólicas dedicadas a Jesús son de un estilo romántico, que no se sabe si están destinadas a él o a un amante. Aun en el arte culinario se diluye la cocina tradicional de sabores típicos y se la reemplaza por menús compuestos por ingredientes heterogéneos que entremezclan sabores. 

Otras características de lo efímero del arte: 
1. Está en constante revisión y hay un permanente retorno al pasado. Los vanguardistas quisieron acercar el arte a la vida, pero no lo lograron: el gran público quedó afuera. El arte sigue siendo prestigio, inversión y cotización en el mercado. 
2. Máxima dispersión de las prácticas artísticas y utilización de materiales tomados de la cultura popular, que se trabajan con estrategias diversas. 
3. Ya no es posible distinguir qué es arte. Esa diferencia debe establecerla cada uno. En realidad, se cree que todo es arte. 
4. Se incorpora la categoría de lo antiestético y a esto se agrega la pérdida de vigencia de lo bello. Frederic Jameson sostiene que la cultura posmoderna se caracteriza por la imitación y la esquizofrenia. Podríamos preguntarnos cuál de todos los enemigos del hombre planeó esta disolución.

SOBRE LA CIENCIA

También la ciencia moderna fue atacada en sus mismos cimientos, especialmente en los siguientes aspectos:9

1. Mostró una realidad reducida a fenómenos muy simples, gobernados por leyes matemáticas. 
2. Fue una visión determinista de la realidad, y se la rechaza porque está ligada a la idea de un Dios creador, quien habría establecido desde el inicio todas las condiciones del universo. 
3. El determinismo negó el cambio y el movimiento —puesto de manifiesto por el evolucionismo— que es concebido como lineal: cambio de posiciones y velocidades. Ahora se lo ve como multifacético. 
4. El mundo era visto como algo ordenado —un cosmos, en el sentido grie- go—, en cambio ahora se privilegia el desorden, el desequilibrio, el caos y el azar. 
5. Los fenómenos de la naturaleza se describieron en términos de leyes que se creían eternas. Ahora, la ciencia ha dejado el concepto de “ley” y lo ha sustituido por el de probabilidad estadística. La noción de ley es vista con especial desdén porque surgió en la época de las monarquías absolutistas, donde los reyes tenían el poder de manejar a sus súbditos a voluntad, determinando su vida y su muerte. Ahora, la úni- ca ley sería que “no hay ninguna ley”. Se lo afirma en nombre del principio de indeterminación de W. Heisenberg. 
6. Las ciencias de la naturaleza describían un universo totalizado, y esta noción también es rechazada. Ahora, describen uno “fragmentado, rico en diferencias cualitativas y sorpresas potenciales”.10 
7. Hay una nueva visión del tiempo. Ya no se lo ve lineal y reversible como en la física clásica; tampoco es único. Ahora, se advierte que se expresa en una multiplicidad de tiempos que renuevan constantemente las cosas, pero que a la vez es parte de una temporalidad eterna que los enlaza. 
8. Se rechaza el “tiempo-ilusión” de Einstein y el “tiempo-degradación” de la entropía, y se reemplazan por un tiempo eterno y creador que constituye un operador de la materia. En realidad, se le atribuyen todas las características de la divinidad.11
9. Se rechaza la estructura causal del universo, porque si este tuviera una cau- sa, habría que pensar en ella, y eso tiene mucho que ver con la idea de un Dios creador. Prigogine y otros prefieren pensar en “fluctuaciones espontáneas del vacío cuántico” que pueden ocurrir al azar cuando se ha llegado a una situación de no equilibrio. 
10. La ciencia moderna concebía al hombre separado de la naturaleza: por un lado, estaba el mundo de la naturaleza y por el otro, el de la cultura. Ahora, se considera que el hombre es parte de la naturaleza y que esta, a su vez, es histórica. El universo físico tiene historia, la cual ya no es propiedad exclusiva del hombre. Se llega así a la negación del tiempo histórico lineal y se sustituye por una temporalidad cíclica que dura eternamente. 

Esta nueva visión de la ciencia se pretende derivar de los descubrimientos de la física cuántica que hablan de la indeterminación de los fenómenos, pero Heisenberg, ¿se refería a la estructura ontológica de la realidad o a las condiciones del conocimiento de ella? 

Importa destacar que aunque el discurso ha cambiado, todavía se pretende hablar en nombre de la ciencia. ¿Ha muerto totalmente el proyecto moderno? Creemos que no. Tampoco lo cree Habermas. Tampoco ha muerto la pretensión de racionalidad, solo que esta tiene ahora otros matices. 

La ciencia no solo admite fenómenos objetivos, sino aquellos otros que tienen que ver con lo afectivo, lo instintivo, lo misterioso, el ocultismo y la magia. Surgen disciplinas —¿científicas?— nuevas, tales como la sugestología, la meditación, el yoga, la astrología, la homeopatía, la acupuntura y otras. 

¿Contienen ellas la solución para la angustia del hombre contemporáneo? Prigogine y Stengers consideran que esa angustia es el resultado del divorcio entre el reino de la naturaleza y la cultura, derivado de la interpretación lineal y determinista del tiempo. Poseemos la imagen de un universo no eterno, sino originado y llamado a la muerte: de allí nace el fantasma del fin de los tiempos o del fin del mundo. 

Por eso, rechaza la hipótesis del Big Bang y propone una versión diferente del segundo principio de la termodinámica: ahora, remonta la cuesta de la entropía, tiene el poder de crear a la vez que paga el precio entrópico. Este es el nuevo absoluto que destituye a los otros que la ciencia había inventado.

A esta altura, cabe preguntar si estamos aún en el terreno de la ciencia o nos deslizamos subrepticiamente al de la religión. Se ha eliminado a Dios y en su lugar se entronizaron una multiplicidad de divinidades con el ascético nombre de “tiempo”. ¿Es esto suficiente para eliminar la angustia del corazón humano? ¿No es mi propia muerte la que me preocupa y me aterra? ¿Podrá la ciencia darnos la respuesta? No todos los científicos coinciden. Hubert Reeves dirá: “... el universo engendra complejidad. La complejidad engendra la eficacia. Pero la eficacia no engendra necesariamente el sentido. Puede también engendrar el sinsentido... le toca al ser humano dar sentido a la realidad”. ¿Es esto posible? Los sabios belgas creen que la angustia se elimina pensando de otro modo el tiempo y Jaques Monod afirma que la solución es cultivar la ciencia paralela a una ética del conocimiento. ¿Quién dará las normas? ¿No es esta una afir- mación renovada del proyecto moderno? ¿No es imprescindible poseer una fe casi religiosa para creer que, librado al azar de sus propias fluctuaciones, el hombre podrá ayudar a la naturaleza a crear un universo cada vez mejor?

SOBRE LA EDUCACIÓN

¿Qué influencia tienen estas ideas en la sociedad y, sobre todo, en las instituciones que la representan? 
Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la escuela es la institución que más seriamente acusó el impacto, especialmente en su nivel medio. Si observamos lo que ocurrió en Argentina,12 advertiremos que el camino que siguió el desarrollo educativo muestra características muy peculiares: primero surgió la escuela secundaria como preparatoria de la universidad, y en último lugar se prestó atención al nivel primario. Históricamente, la escuela secundaria tenía la función de preparar para la universidad. No brindaba una especialización. De ella estaban excluidas las mujeres y por eso la población escolar era mayormente masculina. Estaba destinada a una minoría dirigente y adinerada. Posteriormente, y a lo largo del siglo xix, ocurrieron una serie de cambios que fueron la resultante de la presión cada vez mayor para acceder a ella por parte de nuevos sectores sociales. La función preparatoria chocó con la de formación profesional y la posibilidad de que fuera un ciclo terminal; ambas se superpusieron hacia fines del siglo xix y comienzos del xx. 

Debe agregarse a esto el auge de las ciencias positivas en detrimento de los estudios clásicos, el crecimiento económico y tecnológico, y el incremento de la urbanización, lo que llevó a la educación secundaria a extenderse casi al conjunto de la población. Surgió entonces la idea de extender también la obligatoriedad y permitir el ingreso al sistema educativo de gran número de jóvenes que no estaban totalmente preparados para enfrentar las demandas académicas. Según Obiols, este nivel de enseñanza, concebido inicialmente como preparatorio para la universidad, es pensado ahora como una prolongación de la escuela primaria. 

Pero volvamos al nivel medio: la escuela inspirada en la obra del iluminismo que intentaba la formación del espíritu, la búsqueda del saber por el saber mismo, el desarrollo de habilidades cognitivas, destrezas físicas y el desarrollo de actitudes, hábitos y valores, derivó en enciclopedismo, esto es, una escuela que transmite un conocimiento memorístico, libresco, superficial, poco significativo socialmente y con pretensiones de abarcar el conjunto del saber. Se concebía el aprendizaje como mera recepción y acumulación de datos, incapaz de traducirse en un saber hacer. Esto fue duramente criticado por las líneas progresistas. Los rápidos desarrollos del saber quedaron fuera de la escuela, y esta pasó a ser una institu- ción conservadora y divorciada de las transformaciones que tenían lugar a su alrededor. Como consecuencia, se desprestigió el rol del profesor como simple expositor de conocimientos y el aprendizaje fue sometido a múltiples redefiniciones. 

La escuela quedó fragmentada en dos: 
(a) los docentes que transmiten conocimientos que se consideran importantes; y 
(b) niños y jóvenes cuyo universo cultural está completamente divorciado del anterior, y muestra la declinación de un racionalismo que sirve de máscara al poder. 

¿Qué nos queda hoy? 
Ya no se tiene la pretensión de formar a una élite capaz de guiar a la nación hacia su emancipación. Tampoco interesa una formación enciclopédica, ya que la enciclopedia del mañana son los bancos de datos. Lyotard dijo: “La deslegitimación y el dominio de la performatividad son el toque de agonía de la era del Profesor: éste no es más competente que las redes de memorias para transmitir el saber establecido”.13 La didáctica puede ser confiada a las máquinas. Ya no se trata de una transmisión “simple”, sino “ampliada”. Participan en ella entidades e instituciones de todo tipo, aunque no formen parte de la universidad. Esta deberá estar orientada a producir el saber, más que a transmitirlo, aunque ambos aspectos no puedan ser separados. El saber no estaría limitado a informaciones, sino que implicaría el apren- dizaje de todos los procedimientos capaces de mejorar la capacidad de conectar campos. Surgen nuevas propuestas: la interdisciplinariedad, el trabajo en equipos, la discusión y el disenso. En educación, al igual que en la ciencia, debe vali- darse el modelo del sistema inestable, que es el modelo de “sistema abierto”, donde lo que importa, más que la pertinencia del argumento, es el nacimien- to de las ideas. La pregunta planteada por los estudiantes ya no es si es eso verdad, sino para qué sirve,14 aunque la eficiencia no se busque por sí misma, sino que venga por añadidura. La universidad deberá desempeñar un nuevo papel, que es “el de reciclaje o la educación permanente”.15 Y agrega Lyotard: “El saber ya no será transmitido en bloque y de una vez por todas a jóvenes... sino ‘a la carta’ a adultos ya activos, en vista a la mejora de su competencia y promoción”.16

El discurso posmoderno acerca de la educación que se ha expuesto, se parece mucho a lo que el mismo Lyotard definió como metarrelato. Además, no todos los pensadores posmodernos evalúan la situación de igual modo. Por lo menos, no parece tan optimista la apreciación que hace Baudrillard. Al con- trario, expresa que hay un sentimiento general de catástrofe: “Atravesamos una época en la que hacemos arreglos, remiendos, tomamos fragmentos de cada cultura, y, lo que es peor, no se investiga más”.17 “La educación está en crisis” es la frase que se oye desde muchos sectores. ¿En qué consiste? ¿En que todavía no se ha desprendido del modelo moderno? ¿O aún no se ha logrado establecer lo posmoderno? Los medios de comunicación han penetrado todos los espacios de la cultura con su propio lenguaje y sus propios valores. Tal vez debamos decir “sus antivalores”. Y así nos hallamos en una situación similar a la de Penélope: la escuela teje de día y la televisión desarma la trama durante la noche. Donde entran los medios de comunicación nada permanece intacto: ningún valor, ninguna fidelidad y hasta los afectos cambian de signo. No podemos negar que se han hecho algunos intentos para solucionar la crisis. Siguiendo a Obiols, mencionaremos algunos: 
1. La interdisciplinariedad, aunque esta fue más declamada que aplicada, porque “supone una estructura organizativa y una dedicación de los profesores que la mayor parte de las escuelas secundarias argentinas no está en condiciones de ofrecer”.18 
Y Follari afirma: “El tema de lo interdisciplinar, tanto en su uso epistemológicamente fundado, como en aquél ca- rente desde este punto de vista, resulta ideológico, cumple funciones de legitimación de lo establecido”.19 

2. Un magisterio fatigado y mal pagado carece del estímulo necesario para emprender una reforma de fondo. 

3. Edificios deteriorados y obsoletos no constituyen un lugar atractivo don- de el estudiante desee estar.

4. Equipos obsoletos o inexistentes, totalmente marginados del desarrollo tecnológico posindustrial, no constituyen las armas necesarias ni suficientes para concretar el modelo propuesto. 

5. Y en cuanto a los estudiantes, el modelo que el posmodernismo describe parece no coincidir con la energía que se necesita para crear un universo nuevo, ni con lo que es posible observar en muchos establecimientos educativos. 

El grupo que miramos es, como todo grupo de jóvenes, ruidoso. Hablan en voz muy alta, se gritan cosas de un lado al otro de la calle, se llaman entre sí con términos que las generaciones anteriores creían insultantes y que ellos han convertido en afectuosos. Se palmean, se abrazan. Pero también hay muchos sentados, repantigados contra las paredes de las escuelas, en los alféizares de las ventanas bajas, en los escalones de acceso. La época marca una postura del decontractèe, un cierto despatarro en la forma de sentarse, un modo de caminar de hombros levemente caídos y arrastre de las piernas, una forma de balancearse y de amontonarse unos con otros con cierta facilidad... En general la mayoría muestra dificultad en la expresión de ideas en forma oral o escrita. Los adolescentes tienen conciencia de tal dificultad pero pareciera que la moda “decontractèe” se extiende a la redacción, a la caligrafía y a la ortografía...20 

La posmodernidad ofrece un estilo de vida soft, emociones light, todo debe desplazarse suavemente, sin dolor, sin drama, sobrevolando la realidad.21 ¿No es esta una descripción precisa del equilibrio térmico que tanto temen y se empeñan en negar muchos científicos como Prigogine? ¿De dónde surgirá la fluctuación que active una estructura disipativa? Sí, la escuela está en crisis. Necesita una reforma no solo formal, sino sustancial. Esta es la oportunidad de alumnos y docentes.

SOBRE LO RELIGIOSO Y LO ÉTICO

Hace mucho tiempo que los valores religiosos entraron en crisis. El hombre moderno creyó que “la hipótesis de Dios no era necesaria”, y que por sí mismo podía resolver los múltiples problemas que lo aquejaban, confiando en sus propias capacidades creadoras. Como resultado, la sociedad y la cultura se secularizaron: el hombre dejó de confiar en Dios para confiar en sus posibilidades técnico-científicas. 

El resultado: Dios está ausente. Pero no se trata de una militancia atea como la de otros tiempos: simplemente se ignora a Dios. Al respecto, Mardones expresa: Lo que abunda es la indiferencia agnóstica. En las nuevas generaciones se da el tipo de “joven sin preguntas”: parece que las inquietudes se agotan frente a lo cotidiano o el próximo futuro más o menos planificable. Las cuestiones últimas o penúltimas no parecen existir en la vida de los jóvenes.22 

¿Puede el hombre vivir sin Dios? El resultado está a la vista: se trata de llenar el vacío dejado por él con otros recursos, a saber, la conversión a un hedo- nismo consumista. El lugar de Dios fue ocupado por los objetos producidos por las sociedades industriales. Del Riesgo dice: “Todo ello resulta incompatible con las exigencias de conversión y autenticidad religiosas, que implican un vivir responsable, comprometido y fiel a un proyecto de sentido”.23 

La religión se transformó en algo privado, una “religión a la carta”, concor- dante con la sociedad consumista: “Se es creyente, pero a la carta, se mantiene tal dogma, se elimina tal otro, se mezclan los Evangelios con el Corán, el Zen o el budismo, la espiritualidad se ha situado en la edad kaleidoscópica del supermercado y del auto-servicio”.24

No existen verdades. Tampoco sobreviven las normas morales o éticas. “Ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres diferentes e iguales”.25 

De ahí el deseo desenfrenado de explotar a fondo las infinitas posibilidades de gozo y diversión. ¿Es esto la felicidad? ¿Representa una solución para la angustia del hombre actual? 

Las actitudes posmodernas revelan huida de las cuestiones últimas, pero estas “... son insoslayables para la condición humana. El hombre tiene necesariamente que enfrentarse a ellas si quiere vivir humanamente”. 

El proyecto posmoderno no es viable. Lo demuestra el retorno a religiones orientales, prácticas ocultistas, misterios, magia, prácticas que tratan de alcanzar el éxtasis y el ingreso en sectas satánicas. Solo son “cisternas rotas que no retienen agua”, tal como expresan las Sagradas Escrituras en Jeremías 2:13.

SOBRE LO SOCIAL Y ECONÓMICO

Como una consecuencia de la descomposición de los grandes relatos, Baudrillard señala la disolución del lazo social y el paso de las colectividades al estado de una masa compuesta de átomos individuales. 

Hay una “atomización” de lo social. El vínculo queda reducido a muy poco, y lo que mantiene a los seres sociales en relación son los juegos del lenguaje, que es lo mínimo necesario para que haya sociedad. Estos juegos del lenguaje son múltiples. Tienen la palabra los que antes no tenían voz: las subculturas, los negros, las mujeres, los homosexuales y todos los grupos minoritarios. 

Esa toma de la palabra, ¿ha correspondido a una verdadera emancipación? ¿Dónde ha quedado “el otro” en este juego? Todos queremos decir nuestra pa- labra, pero como ya no es imprescindible llegar a un consenso, el diálogo podría transformarse simplemente en la superposición de monólogos sin sentido. 

Al describir la situación, Alain Touraine afirma: Vida pública y vida privada se separan; el campo de las relaciones sociales se descompone y deja frente a frente las identidades particulares y el flujo mundial de intercambios. Por un lado, cada cual se encierra en su subjetividad, lo cual lo lleva en el mejor de los casos a olvidarse de los demás y, más frecuentemente, a rechazar al extranjero. Por otro lado, el flujo de intercambios fortalece a los países y a los grupos sociales centrales, pues profundiza la dualización tanto en el nivel nacional como en el internacional.26 

Esto conduce a la falta de solidaridad y fraternidad; predominan el interés y la fuerza. Además, la irrupción de los medios de comunicación multiplicó las imágenes y convirtió la realidad en espectáculo y simulacro. Ya no es fácil distinguir entre realidad y simulación. Parecería que lo real, lo verdadero, es sinónimo de estar en los medios de comunicación. Estos “... han modificado la noción de realidad hasta el punto de que ya no se la ve como el lugar de una verdad objetiva, sino como un conflicto de múltiples interpretaciones”.27 

No es fácil distinguir entre información y ficción. La publicidad suplantó a la crítica. El propósito es impactar, no perdurar. La relación del hombre con las cosas está cada vez más mediatizada. Vemos lo real a través de los medios de comunicación, vivimos el cuerpo a través de la gimnasia y el deporte, nos informamos a través de ordenadores. Lyotard lo llama la desmaterialización de la realidad.28 

Las cosas se convierten en mercancía, pierden su sentido originario. Se cae en el consumismo. Este no tiene límites. Constantemente se procuran crear nuevas necesidades que no se satisfacen nunca. Todo se consume: arte, deporte, espectáculos, viajes, comida, vestimenta, pero también el amor, la amistad, el odio y los afectos en general. Porque el consumismo... es mucho más que la necesidad de vender y comprar. Es una manera de vivir la realidad, y también un encubierto control social e ideológico.29

No se compran técnicas y aparatos para saber la verdad, sino para incremen- tar el poder.30 Se trata de una cultura desprovista de solidaridad y esperanza, pero para nada trágica [...] Se trata de una cultura atolondrada por las inmensas posibilidades de consumo, y por la feroz soledad.31 Como es fácil observar, se está muy lejos del ideal moderno. Estos valores trastocan los anteriores. Teóricos como Daniel Bell expresaron su preocupa- ción por el abandono de valores, tales como el ahorro y el trabajo, el desin- terés por el cambio social, la falta de disposición para la lucha o el heroísmo.

SOBRE LA POLÍTICA

La ciencia es hija de la racionalidad, y a su vez engendra la técnica. Quien posee los recursos económicos y tecnológicos es quien ejerce el poder y tiene en sus manos las riendas de su propio destino y el de los pueblos. Así lo creyó la modernidad y se lanzó a proyectos de conquista, expansión y dominación. Los más recónditos lugares del mundo se vieron invadidos y sorprendidos por su arrollador empuje. Arrasó con todo en nombre de gran- des palabras: verdad, racionalidad, progreso, libertad, historia... Su verdad es- taba avalada por nuevos descubrimientos científicos y técnicos. Ernest Mandel32 señala tres momentos o saltos en esta evolución, que conllevan a una consecuente expansión del capitalismo: 
1. Producción de motores de vapor desde 1848. 
2. Producción de motores eléctricos desde las últimas décadas del siglo xix. 
3. Producción de ingenios electrónicos y nucleares desde 1940. 

Cada uno de estos momentos supone una expansión dialéctica del capita- lismo: mercantil, imperialista y posindustrial. La posmodernidad denunció todo esto como recursos o estrategias de dominación que lleva a cabo la sociedad burguesa. Pero la ruptura no es solamente un fenómeno político, sino también social y cultural. Se anuncia un nuevo tipo de sociedad llamada posindustrial. Podemos preguntarnos si de esta sociedad se logró erradicar la domina- ción del hombre por el hombre o si esta se cumple de un modo más sutil, sofisticado y eficiente. Jameson expresa: Pero éste es el momento de llamar la atención del lector sobre algo obvio: a saber, que toda esta cultura posmoderna, que podríamos llamar estadou- nidense, es la expresión interna y superestructural de toda una nueva ola de dominación militar y económica norteamericana de dimensiones mundiales: en este sentido, como en toda la historia de las clases sociales, el trasfondo de la cultura lo constituyen la sangre, la tortura, la muerte y el horror.33 
¿Quién ejercerá el poder en el futuro? Lyotard cree que las funciones de regulación social están pasando cada vez más de las manos de los administradores a las de los autómatas: “Cada vez más la clase dirigente ya no estará formada por los políticos tradicionales, sino por jefes de empresa, dirigentes de organismos profesionales, sindicales, políticos, confesionales”.34 
Y por su parte, Jameson afirma: “Unos amos sin rostro siguen producien- do las estrategias económicas que constriñen nuestras vidas, pero ya no necesitan (o son incapaces) de imponer su lenguaje”.35 

¿No es esta una nueva forma de totalitarismo, que ya se creía conjurado? Solo hay una diferencia: no sabemos quién dirige el destino de nuestras vidas. Es muy ingenuo creer que nos deslizamos suavemente y sin coste algu- no hacia una nueva sociedad de la que no vislumbramos el sentido. Y lo que es peor, no queremos vislumbrarlo, porque hemos sido desarmados hasta en las últimas fibras de nuestra conciencia y nos parece que con modificar los juegos del lenguaje, ya hemos modificado la realidad.

El pensamiento posmoderno, como afirma Mardones, “... nos deja en una situación de indigencia crítica y sin fuerzas para resistir la invasión y dominio de las estructuras y poderes contra los que se quiere luchar”.36 ¿No hay algo inmovilizador en la dialéctica del desarrollo que se expo- ne? ¿No nos condena a la pasividad anulando posibilidades de acción? Esta técnica sutil de desarme es más eficiente que cualquiera otra para lograr sus verdaderos propósitos: ejercer el poder. El estudiante de la Palabra de Dios, tal como se revela en el Apocalipsis, sabe con certeza qué poderes mancomunados intentarán ejercer ese poder.

SOBRE LOS HÁBITOS DE VIDA

Esta particular manera de ver la realidad ha ido plasmando hábitos de vida que son característicos de los tiempos en que vivimos. El rechazo de la noción de “proyecto social” también aniquiló la de “proyecto individual”. La vida no se rige por la verdad objetiva, sino por los feelings. Interesa satisfacer los placeres inmediatos. Vida sin esfuerzos. No se asumen compromisos: se convive mientras las circunstancias son propicias y cuando dejan de serlo, se separan. Marcado interés por el propio cuerpo y deseo de qui- tarse años de encima mediante cirugía o implantes, como si la vida fuese un eterno presente. Temor a la adultez, vejez y muerte. El modelo social es el del adolescente: se lo manifiesta en el lenguaje, la vestimenta, las actitudes. Se postergan las responsabilidades procurando disfrutar de las comodidades. No se logra la independencia económica sino hasta más allá de los treinta años, y como consecuencia, tampoco la madurez emocional. No se abandonan los deseos primitivos de la infancia. Los adultos de la posmodernidad son inmaduros afectivamente. Tampoco hay identidad sexual, sino que todo tiende a ser unisex. No hay ídolos, ni va- lores permanentes. Daros expresa: “La escuela posmoderna corre el riesgo de convertirse en una guardería para adolescentes”.37



Priora, J. C. (2022). Nuevo des-orden mundial: posmodernidad, hipermodernidad y fin de la historia: (1 ed.). Libertador San Martín, Editorial Universidad Adventista del Plata. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/bibliotecauab/212751?page=67-82)

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